¿Cómo cambian los juegos de los niños a medida que crecen? Con el refinamiento de las habilidades y el desarrollo de nuevos intereses, las actividades lúdicas también cambian, volviéndose cada vez más elaboradas.

Como nos enseñan los estudios en el campo de las neurociencias, es gracias a la actividad lúdica que el cerebro del niño evoluciona y aumenta gradualmente su complejidad: el juego permite el desarrollo de habilidades motoras, cognitivas, creativas y relacionales.

El juego del recién nacido

En los primeros meses de vida, el juego del infante se realiza a través del contacto con el cuerpo, en la relación con el adulto que está cerca de él: el pequeño observa los rostros y aprende a responder a las palabras y muecas de los padres, quienes vuélvete hacia él mirándolo a los ojos; se mueve, sonríe y ríe con sus mimos y caricias; escuchar cantos y canciones de cuna. Mantener a los pequeños en contacto con el cuerpo de mamá y papá, por ejemplo llevándolos en un fular o en una mochila porta bebé, favorece esta primera forma muy importante de comunicación instintiva entre padre e hijo (también hay muchos otros beneficios ligados a contacto: por ejemplo, ayuda a regular las funciones vitales y la construcción del vínculo de apego, y conduce a una reducción del estrés).

Conócete a ti mismo y al mundo

La exploración sensorial es lo que más caracteriza la actividad lúdica desde los 4, 6 meses hasta los dos primeros años de vida: el niño toca, observa, huele, escucha, saborea, y al hacerlo descubre las propiedades materiales y funcionales de los elementos de la realidad que lo rodea Agarrando, columpiándose, llevándose objetos a la boca, abriendo y cerrando las manos o los ojos, el pequeño se pone a prueba aprendiendo a conocerse ya controlar sus movimientos paso a paso. A menudo sucederá que el niño, mientras juega, quiera repetir la misma acción varias veces: su pedido debe ser atendido aunque parezca “aburrido”, porque las repeticiones son útiles para consolidar el aprendizaje.